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16/09/2009

Es solo cuestión de aceptar quien soy... Desde que aquél febrero ella, sin saberlo, me regaló un tercer ojo, y me concedió la posibilidad de vencer cualquier potencia física. Fue una bendición o una condena? Como se puede estar seguro? si yo mismo difiero en la respuesta... y vago a ratos entre el orgullo, la risa, la compasión y la pena... De lo que si estoy seguro es que jamás se vio a Bucefalo pasear al trote...Así como en mi juego con las ecuaciones sociales, jamas se vio como resultado la cordura natural de una mujer no casquivana... Entonces, como humano, he jugado a ser invencible, confiado en lo que es en realidad mi "talón de Aquiles"

El titeretero

Es para darles con el gusto que les confieso que yo, Edward Pabst , soy un enfermo mental. Una especie de virus que, por placer, infecta la verdad y manipula a diestra y siniestra corazones y cabezas.
Es meramente por mi incapacidad de encontrar en la realidad suficientes estímulos, que me alejo de ella. No por ser débil como para soportarla, sino por ser demasiado fuerte. Y es precisamente en esta fuerza que reside mi dolencia. Dolencia que distraigo hundiéndome en la laboriosa y eterna tarea convertir a quienes me rodean, en personajes de mis guiones dramáticos. Así me entretengo, cual dramaturgo en el estreno de su obra, al ver como se desarrolla la trama de la historia que les he inventado. Historia en la que todos son personajes principales y secundarios a la vez. Excepto por mi mismo que, por puro egocentrismo y egolatría, encuentro la forma de situarme siempre en el centro, cual maestro de ceremonia.
Para quien se compromete en dicha tarea, no existe peor afrenta, ni arma que le sea mas efectiva usada en contra, que la total indiferencia. Bien dijo Oscar Wilde: "Solo hay una cosa peor que hablen de ti, y es que no hablen de ti...". Pero una vez que se prueba el excitante néctar de interpretar -inconscientemente- mis libretos, no se puede ya abandonar el estilo de vida que he propuesto. Después de sujetarse a lo que uno cree firme para no ser arrancado del suelo por una tormenta de pasiones digna de la tragedia griega, uno se sentiría vacío viviendo una vida común. Superfluo... como si levitase por encima del mundo, incapaz de sentir el contacto con la tierra. La solución sería matarme. Debería, por el bien de todos, ser aniquilado. El problema es que esta, mi locura, es mi secreto. Y así como un loco jamas reconocerá su locura, los títeres de mi obra, jamás se moverán por si solos. Su necesidad de quien los mueva se iguala a mi necesidad escribirles el guión para que pueda yo escapar de la realidad. Así formamos esta relación de quid pro cuo, en la que juntos, completamos la obra de la vida.

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This place is a sample of my world, a sample of that place inside my mind. And below you can find some of the things I felt and thought:

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